Antes de escuchar al despertador sentimos la voz de trueno el muecín de una mezquita cercana. No son aún las cinco de la mañana y la oscuridad es total en Mandalay. Justo mientras recogemos los últimos trastos se va la luz. Hay que tener siempre a mano la pequeña linterna para estos apurillos. Bajamos los cuatro pisos como fantasmas. En cada rellano duermen sobre una estera los vigilantes de las plantas. El vestíbulo también hace de dormitorio colectivo. Tras la recepción emerge el dueño y somnoliento nos pregunta si queremos un taxi al muelle. Lo aceptamos, pues el taxista que se nos ofreció ayer no se ha presentado. El barco a Bagan consta de tres pisos. El inferior está cubierto, con las butacas. Allí soltamos las mochilas. En el segundo hay un barrestaurante y un pedazo de cubierta con tumbonas de pago en las que no se tumba nadie. La cubierta del piso superior sólo está la cabina del timonel. El barco zarpa a las seis de una espléndido amanecer. No va lleno. Hay un grupo organizado de franceses y una pareja de Girona, Lidia y Quim, en su primer viaje por Asia. El río Ayeyarwady es muy ancho. Se nota que las crecidas han inundado la inmensa llanura. Sobresalen las copas de los árboles de entre las aguas. Vamos dejandoatrás pequeñas aldeas, con frágiles viviendas de hojas trenzadas, campesinos trabajando la tierra con arados de madera tirados por bueyes. El barco llega al Viejo Bagan a las 14,30 h. Una vez en tierra puedes elegir el modo de transporte hasta Nyaung U, a unos 5 km., el pueblo donde nos alojaremos. En vez de taxi o “rickshaw” preferimos el coche de caballos, que nos deja en el alojamiento que le pedimos. Por el camino vemos ríos de niños que va o vuelven de la escuela, todos con camisa blanca y falda verde. El calor se me antoja tan sofocante como en Mandalay pero el lugar es más tranquilo.
Datos prácticos:
Al desembarcar en el Viejo Bagan te piden el pasaporte y hay que pagar una tasa que da derecho a visitar toda la zona arqueológica. El resguardo lo has de presentar en el alojamiento a la hora de rellenar la ficha. Son 10 fecs por persona.
Nos quedamos en el hotel Eden I. La habitación triple cuesta sólo 12 fecs. Hay ventilador, aire acondicionado, nevera, TV, dos butacas y cuarto de baño. Está limpia. Me falta un armario, no hay donde colgar nada. Camila localiza en un santiamén al hijo de los dueños y a los cinco minutos nos anuncia que tiene un amigo y se va a jugar con él a recepción.En el embarcadero hay una pizarra con los precios del transporte al pueblo, fenómeno, no hay que discutir. En carro son 2000 k. y nos apretujamos los cuatro. El precio por recorrer la zona arqueológica en carro todo el día es de 9.000 k. desde las 8 de la mañana hasta el atardecer. Contratamos uno para dos días. Xavi prefiere levantarse tarde e ir a su aire. No me da tiempo a más. Pero prometo que esto seguirá pues además me encanta recordar. Eso es lo bueno de los viajes, los meses que pasas soñándolos, el tiempo que los vives y el resto de la vida en tu memoria.
Hasta pronto.
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