La Vuelta al Mundo en Directo

Antena 3 acaba de poner  en marcha un nuevo concurso llamado ” la Vuelta al Mundo en Directo ” la peña ya se puede anotar en este link para dar la Vuelta al Mundo

Asi que suerte a los que se apunten.

Salu2

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Bago
De nuevo en marcha para un largo trayecto. Desde Nyaung Shwe (lago Inle) a Bago son 30 min. en taxi hasta el cruce y 16 horas de autobús. A Camila le cuesta despedirse de su amiga, la nieta de la dueña del hotel y suplica que nos quedemos un día más, pero en cuanto sube al bus y ve que hay más niños se le pasa.
El viaje es agradable a pesar de las curvas. Volvemos a pasar por Kalaw. Lo malo es llegar a Bago a las 5 de la mañana. El autobús sigue hasta Yangon.
Siempre que deseas que el autobús se retrase un poco para llegar a los sitios de día ocurre al revés.
La oscuridad es total y allí nos quedamos los tres, intentando situarnos en
el mapilla de la guía Lonely planet. Pero enseguida aparece un señor para ofrecernos habitación, nos da buena impresión, le seguimos y nos quedamos en su hotel.
Regresamos al calor bochornoso, al sudar a chorros, al no despegarse de la botella de agua. Sólo con el paseo hasta la pagoda del buda tumbado ya me siento deshidratar.
Volvemos en carro. Arre, arre caballo.
El buda tumbado tiene una expresión risueña, como de estar anclado en el nirvana. Varios pájaros han anidado en los enormes orificios de la nariz. En un cartel especifican todas las medidas del gigantón. Todo enorme. No cabe en una foto ni de broma. A su alrededor los birmanos corretean, duermen, comen y conversan placidamente. Es domingo y muchas familias vienen a pasar el día.
Por la tarde Alex y Camila se van a visitar otra pagoda mientras me quedo en el hotel leyendo. De repente unos nubarrones descargan un señor diluvio. Al cabo de un rato aparecen, como náufragos del Titanic. La furia del monzón les pilló de regreso en una bici-taxi.
Mañana salimos en taxi hacia Kyaiktiyo ( la pagoda de la Roca Dorada ). Le pedimos información al señor del hotel. Nos explica todas las opciones. En autobús hay que hacer varios cambios. Al final elegimos el taxi hasta Kyaiktiyo y desde allí hay que subir en camión.
Datos prácticos:
Taxi al cruce 3.000 kyats.
El billete de autobús a Bago lo compramos al dueño del hotel de Kalaw por lo que nos debió de salir más caro: casi 8 $ cada uno.
Nos alojamos en Myananda Guest House, muy cerca de la parada del autobús. Habitación con baño y desayuno 10$. Está tan cerca de la carretera que parece que los autobuses te pasen por encima. La orquesta de bocinas es ensordecedora y eso a pesar de ser domingo.
El aireacondicionado ruge endemoniadamente pero al poco de tumbarnos deja de funcionar. Corte de luz. Por la tarde cambiamos de habitación pues tampoco sale agua caliente ni se mueve el ventilador. Eso sí, son muy amables.
En el restaurante Panda la cervezas están muy frías y la comida muy picante. Es más barato y bueno el restaurante 555, justo donde para el bus.

Lago Inle – Parte 8

Lago Inle
El autobús que nos acercará al Lago Inle arranca antes de que amanezca con los campesinos que llevan sus productos al mercado. El pasillo es el lugar donde se apilan los sacos de frutas y verduras y hay que trepar sobre ellos para alcanzar los asientos traseros.
Bajamos en un cruce, a 11 km. de Nyaungshwe ( el pueblo donde nos alojaremos). Allí
ya hay taxis esperando clientes. Pasamos una hora detenidos por el camino, rodeados de campos de arroz y militares que controlan la zona. Hay un acto oficial: discursos de las autoridades y escuálidos campesinos escuchando con resignación.
El pueblo está repleto de hoteles y restaurantes pero apenas hay turistas. La gente se desplaza en bicicleta y por el lago en unas canoas estrechas con un solo remo que algunos manejan con el pie. Una tarde montamos todos en una pero ante la amenaza de naufragio Xavi abandona la nave en la primera parada. Durante tres horas recorremos los estrechos canales. Las viviendas se montan sobre pilares de madera. Muchas familias trabajan en sus casas en la elaboración de cigarros.
El lago Inle es muy grande y al día siguiente salimos de nuevo, esta vez en una barca a motor con sillas, cojines y chalecos salvavidas. Nos cruzamos con barcas repletas de tomates y calabazas que cultivan en sus huertos flotantes.
El guía va parando para que veas ( y a ser posible compres) en talleres de plata, ropa de algodón y seda. En una de las aldeas hay un mercado muy concurrido. Muchas mujeres Pao vestidas de negro y tocadas con un pañuelo naranja llevan las mercancías en cuévanos, como los pasiegos cántabros. Antes de volver a casa llevan ofrendas a la pagoda.
Otro día dimos una caminata por los alrededores del pueblo, con el mismo guía de ayer. Pasamos campos de maíz, girasoles y las hojas que usan para liar los cigarros. De cultivar y secar esas hojas malviven muchas familias. Las venden el mercado por 800 kyats el kilo, menos de un euro. Entramos en una escuela. Son 3 maestras para 75 alumnos de 5 a 10 años, aunque vemos hasta bebés gateando pues los
padres no tienen con quien dejarlos. Sólo los mayores tienen pupitre y banco para sentarse. Se organiza una gran alboroto cuando ven a la niña y pasan un rato jugando.
Aprenden el alfabeto en inglés con una melodía de una canción popular que también se canta en Cataluña. Hay mas de 400 escuelas de primaria en la zona del lago. Se las ve y se las oye.
El lugar es precioso, es verdad. Xavi se queda unos día más y nos encontraremos en Yangon. Nosotros seguiremos en autobús hasta Bago y la Roca Dorada.
Datos prácticos:
Nos alojamos en el Primrose hotel por 12 $ la doble, con desayuno. Son bungalows adosados.
El paseo en canoa de remo por los canales : 600 k. por persona.
El tour por el lago: 8.000 k.
Frecuentes apagones de luz. Pocos locales poseen generador.

Continuara

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PINDAYA
De Kalaw a Pindaya llegamos en taxi en poco más de una hora. Me sorprende que para visitar la cueva de los 8.000 budas dispongamos de ascensor. Como de costumbre hay que dejar los zapatos, pero en esta ocasión la prudencia es más necesaria pues el sueño está húmedo y en algunos lugares algo resbaladizo. No sé si están los 8.000 pero lo cierto es que abruma la cantidad de budas de todos los tamaños que alberga la cueva. En una enorme sala vemos una columna formada por estalactitas y estalagmitas donde todos los visitantes ponen las manos y recogen el agua que rezuma y se mesan los cabellos. Al lado otra estalactita se usa de gong y los fieles hacen cola para golpearlo con un palo de madera.
El pueblo se desparrama alrededor de un lago. Sus calles polvorientas son transitadas por carros tirados de bueyes y tractores acarreando un número inverosímil de pasajeros. Preguntamos los horarios de los autobuses hacia el Lago Inle y sólo hay dos de madrugón incondicional : a las 5,30 h. Y otro un cuarto de hora después. Uf! El buen señor a quien preguntamos es algo así como el encargado de la información turística y librero. Nos enseña su pequeña colección de libros de segunda mano y pregunta si tenemos algún ejemplar para donarle. A mi me quedan pocas páginas y prometo regalárselo en cuanto lo termine. Un peso menos en la mochila.
Después de comer rodeamos el lago y asistimos a un partido de fútbol. Los dos equipos rivales son de Pindaya. Se reúnen muchos espectadores. Hay un sector de mujeres muy apasionadas animando a sus colores y gritando al árbitro. Los tractores son utilizados de improvisadas tribunas. Nos aposentamos en la hierba, bajo los árboles. A la media parte la atención del público se traslada a nosotros. Nos rodean muy sonrientes, nos saludan y formulan las preguntas de rigor: de dónde somos, a dónde vamos, de dónde venimos, cómo nos llamamos…
Al atardecer, sentada en el porche de la habitación oigo unos cánticos. Me acerco a recepción y veo a una veintena de mujeres cantando frente a un pequeño altar que han instalado en el comedor. Camila se queda fascinada mirándolas. ¿Qué hacen mamá? Están rezando. Es una melodía repetitiva, casi hipnótica, como un mantra. Una hora después se levantan, recogen la alfombrilla y se marchan.
Nos vamos pronto a dormir. La luz de la habitación es muy débil y nuestras linternas no funcionan.
Datos prácticos:
El taxi a Pindaya 16$. Lo contratamos en el hotel de Kalaw. La entrada a las cuevas: 3 fecs por persona.
Nos alojamos en el Hotel Golden Cave, a las afueras del pueblo. Muy tranquilo. Bungalows pareados con un pqueño porche. La doble 18 $, la individual 12$ , con desayuno, aunque a las horas que salimos mañana no lo probaremos. Ofrecen cena por la noche.

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KALAW
Desde Kalaw se pueden hacer varios “trekkings” por los alrededores de uno o varios días. Nosotros contratamos un guía para hacer una caminata de una jornada. Salimos a las ocho de la mañana y aunque llevamos el equipo de buzo (así llamo a chubasquero y paraguas) tenemos suerte y las nubes nos acompañan pero sólo llovizna mientras comemos a cubierto. Visitamos dos aldeas: Ywathit y Taryaw, a dos horas y media  de camino desde Kalaw. Son aldeas pobres y pequeñas, por  donde pululan gallinas, cerdos negros, y vacas jorobadas .  Entre las dos cuentan con unos 500 habitantes. Plantan té,  arroz , maíz y poca cosa más, en unas laderas muy empinadas. La escuela está hecha a base de tablones de madera sin encajar, por donde se cuela el viento y el frío.
Unos cuantos pupitres, unos bancos, una pizarra y un armario donación de Catalunya (eso pone), es todo lo que hay. Dos jovencísimas maestras con cara de hastío viven allí, en una habitación contigua . Hoy es domingo y la única clase está vacía. Mañana se amontonarán 60 alumnos de todas
las edades.
En la segunda aldea el guía nos mete en una gran casa donde viven siete familias con una veintena de niños.
Venden gorros de colores y las bolsas que llevan los niños al colegio. Nos invitan a fruta, dulces y té. Más adelante llegamos a un lugar que llaman View Point, allí nos sentamos bajo una sombrilla de paja, en una mesa circular, al aire libre, frente al silencio de las montañas. Sólo nos ofrecen chapati, unos pequeños cuencos con una verdura deliciosa y un poco de piña. Este frugal ágape es lo que entra en la excursión, si quieres comer más se paga aparte, pero ya tenemos bastante. Desde allí ya tomamos el camino de vuelta. Nos cruzamos con una familia que regresa de Kalaw de vender unos sacos de té. Ya les vimos por la mañana, antes de llegar a las aldeas. Ahora nos saludan más contentos, descargados y con algo de dinero. También con un poco de aguardiente en el
cuerpo, nos comenta el guía.
Cruzamos unos versídimos campos de arroz y por un estrecho camino nos damos de bruces con unas vacas algo reacias a dejarnos paso. El guía pasa un rato lanzándoles piedrecitas hasta que e deciden a recular y tomar otro camino.
Al llegar a Kalaw los niños que juegan en la calle nos ofrecen flores. Muchos conocidos de Joe, el guía, le preguntan si hemos tenido que llevar a la niña a cuestas y parecen muy asombrados cuando les asegura que ha realizado todo el recorrido andando. Nos dice que han sido unos 17 kilómetros. Y sí, llega cansada, como todos los demás, pero en cuanto entramos en el hotel, a las cinco de la tarde, y nos duchamos …pues no se duerme, la moza, sino se empeña en ver la tele y se traga la peli de los Gremlins, en inglés y subtitulada en thailandés.
Eso sí, en la cena, nada más dar el último bocado se nos queda dormida sobre el plato.
Mañana nos vamos a Pindaya.
Datos prácticos:
La excursión la contratamos en el mismo hotel. Cuesta 5$ por persona (a Camila no le cobran).

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BAGAN – MONTE POPA – KALAW
En poco más de un ahora hacemos el trayecto en taxi de Bagan al Monte Popa.
Iniciamos la subida sin prisas, mirando de reojo a los monos que se aproximan en busca de comida. Tratamos de ignorarlos. Uno de ellos se agarra a mi falda pero no va más allá. Las escaleras están protegidas por un a techumbre metálica y los monos corretean por ella montando un estruendo muy poco apropiado para tan venerado lugar. El cielo está encapotado pero no llueve. Desde la pagoda de la cima contemplamos una vasta llanura. Pronto el paisaje
cambiará.
Paramos a comer en Meiktila y a partir de Thazi ya nos adentramos por tierra montañosa de tupida vegetación. La carretera se estrecha tanto que al cruzarnos con un camión o un autobús hemos de parar arrimados a la ladera. Subimos culebreando, cruzando unas pocas aldeas. La altura trae un delicioso frescor. Llegamos a Kalaw a las cinco de la tarde, en un soleado atardecer que en cuestión de una hora se torna lluvioso.
Al día siguiente llovizna de forma intermitente. Es día de mercado.
En la zona de frutas y verduras hay productos tan extraños que dudo si son comestibles o no. La mayoría de los vendedores llevan una toalla enrollada en la cabeza o un pañuelo de colores. Vienen de los poblados de los alrededores. Todos utilizan la balanza clásica. En otro sector venden cuerdas, cestas, escobas, ropa y vajilla ( estos llaman la atención entrechocando platos y anunciando las excelencias del producto por megáfono).
Paseando por los alrededores llegamos a la pequeña estación de ferrocarril que enlaza los pueblos de las montañas. Decenas de campesinos con la compra hecha esperan los escasos trenes que circulan. Todavía quedan casas de estilo inglés, muchas de ellas con aspecto ruinoso. Es lo poco que queda de la presencia inglesa.
Mañana nos vamos a pasar el día caminando por las montañas. Dejamos a punto chubasqueros y paraguas.
Datos prácticos:
En Kalow nos alojamos en el Winner Hotel. Habitación doble con TV, baño con bañera, frigorífico y desayuno : 25 fecs .Tienen generador y sólo lo encienden al anochecer, poco antes de las 19 horas.Para cenar el lugar que más nos gusta es el restaurante chino que hay junto al hotel Central, frente al mercado. Se come bien y siempre corretean niños que juegan con Camila.

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BAGAN
Poco después de amanecer los monjes salen del templo y se dispersan por las calles en busca de   sustento. Desde la terraza del hotel les observamos, en rigurosa fila india, con sus túnicas de color azafrán, caminando despacio por la calle polvorienta. De las casas y las tiendas surgen hombres y mujeres con un poco de arroz o unos kyats. Camila devora el desayuno con impaciencia. Sólo piensa en cuando llegará el carro y el caballo. Y a las ocho aparece con total puntualidad. Alex y Camila se sientan en el pescante, junto al conductor, mientras yo me tumbo en la parte trasera.
Recorremos un montón de pagodas, las más cercanas. Alex las anota en su guía, meticulosamente, numeradas por orden de llegada. Hay vendedores en todas ellas. Te ofrecen pinturas
sobre tela, objetos de laca y reproducciones de antigüedades.
El día amanece nublado y a ratos chispea, pero a partir de
las dos de la tarde se asoma el sol y te derrites. Compramos varias botellas de agua a lo largo del día. Es muy agradable dejarse llevar de una a otra, meciéndose en el traqueteo del carro. Camila lleva las riendas del caballo, que se llama Skay. Lo hace con mucha seriedad, concentrada en su tarea.
A las seis de la tarde regresamos al hotel. Camila se queda con su amigo y me pide permiso para ir a casa de la abuela, al lado del hotel. La madre me dice que non problem y la dejo ir. También mira al cielo y pronostica: en cinco minutos va a llover. Y acierta. Empieza a diluviar durante más de una hora. La tormenta es aprovechada por los habitantes del pueblo para ducharse con el agua que cae de los caños y para arrojar la basura, directamente del cubo al río en que se convierte la calle. Todo un espectáculo.
Cuando amaina un poco nos vamos todos a cenar, junto con la pareja de Girona que también se alojan aquí. Hoy descubro que Lidia había participado en este foro antes del viaje pidiendo información y nos habíamos intercambiado algunos mensajes, con el deseo de encontrarnos, cosa que ha sucedido. El mundo es un pañuelo. Al día siguiente seguimos recorriendo una pequeña parte de
las 2.500 pagodas diseminadas por Bagan. El camino está embarrado de la lluvia de ayer. Camila sigue llevando emocionada las riendas de Skay, aunque en algunas ocasiones acabamos en el arcén, con algún meneo de más. En la pagodas corretea alrededor de las estatuas de Buda y saluda a todos
los fieles y monjes.
El conductor nos lleva a comer a un restaurante birmano. Somos los únicos comensales y toda la familia se pone en marcha. Nos traen tres platos de arroz blanco, tres tazones de sopa y 16 platitos más con verduras, carnes, pescados, salsas y dulces. Vamos probando de todos. Algunos son
deliciosos y antes de terminar el cuenco y nos traen más.
Los tenemos pendientes del mínimo gesto y ya es el colmo cuando uno de ellos va y nos abanica. Suerte que Camila se apropia de otro abanico y hace lo mismo al buen señor, para
jolgorio general. Una de las mujeres le embadurna la cara del maquillaje que todos usan, que suena algo así como “denekap”. Frotan un tronquito de sándalo contra una plancha circular y aparece un líquido que al secarse queda como una pasta de color ocre. Para acabar le hacen una
minúscula coleta rematada con una flor roja. Este maquillaje lo usan hombres, mujeres y niños para proteger la piel del sol y para verse más guapos.
Datos prácticos.
Al final contratamos el carro a otro señor por 7.000 kyats los dos días.
A la hora de comer nos pregunta si queremos comida china o birmana. El primer día nos para en el restaurante chino Sarabha, con un amplio techo trenzado. Bastantes turistas. Agradable. Unos 10.000 k. Al día siguiente en el birmano, que según leo en una pancarta parece llamarse Toe Toe Win Myanmar food. Todo el ceremonial antes descrito por 6.000 k.
Hay servicio de E-mail en un chiringuito cercano al hotel. Dicen que se puede enviar pero no recibir ni por supuesto acceder a internet. Mientras Alex escribe a su familia le rodean seis curiosos. Ya no cabe nadie más, sólo hay un aparato. 1000 k. Por mensaje.
Contratamos un Taxi para el recorrido Bagan – Monte Popa –
Kalaw , en el mismo hotel, por 60$.

Parte3-Mandalay–Bagan

Antes de escuchar al despertador sentimos la voz de trueno el muecín de una mezquita cercana. No son aún las cinco de la mañana y la oscuridad es total en Mandalay. Justo mientras recogemos los últimos trastos se va la luz. Hay que tener siempre a mano la pequeña linterna para estos apurillos. Bajamos los cuatro pisos como fantasmas. En cada rellano duermen sobre una estera los vigilantes de las plantas. El vestíbulo también hace de dormitorio colectivo. Tras la recepción emerge el dueño y somnoliento nos pregunta si queremos un taxi al muelle. Lo aceptamos, pues el taxista que se nos ofreció ayer no se ha presentado. El barco a Bagan consta de tres pisos. El inferior está cubierto, con las butacas. Allí soltamos las mochilas. En el segundo hay un barrestaurante y un pedazo de cubierta con tumbonas de pago en las que no se tumba nadie. La cubierta del piso superior sólo está la cabina del timonel. El barco zarpa a las seis de una espléndido amanecer. No va lleno. Hay un grupo organizado de franceses y una pareja de Girona, Lidia y Quim, en su primer viaje por Asia. El río Ayeyarwady es muy ancho. Se nota que las crecidas han inundado la inmensa llanura. Sobresalen las copas de los árboles de entre las aguas. Vamos dejandoatrás pequeñas aldeas, con frágiles viviendas de hojas trenzadas, campesinos trabajando la tierra con arados de madera tirados por bueyes. El barco llega al Viejo Bagan a las 14,30 h. Una vez en tierra puedes elegir el modo de transporte hasta Nyaung U, a unos 5 km., el pueblo donde nos alojaremos. En vez de taxi o “rickshaw” preferimos el coche de caballos, que nos deja en el alojamiento que le pedimos. Por el camino vemos ríos de niños que va o vuelven de la escuela, todos con camisa blanca y falda verde. El calor se me antoja tan sofocante como en Mandalay pero el lugar es más tranquilo.
Datos prácticos:
Al desembarcar en el Viejo Bagan te piden el pasaporte y hay que pagar una tasa que da derecho a visitar toda la zona arqueológica. El resguardo lo has de presentar en el alojamiento a la hora de rellenar la ficha. Son 10 fecs por persona.
Nos quedamos en el hotel Eden I. La habitación triple cuesta sólo 12 fecs. Hay ventilador, aire acondicionado, nevera, TV, dos butacas y cuarto de baño. Está limpia. Me falta un armario, no hay donde colgar nada. Camila localiza en un santiamén al hijo de los dueños y a los cinco minutos nos anuncia que tiene un amigo y se va a jugar con él a recepción.En el embarcadero hay una pizarra con los precios del transporte al pueblo, fenómeno, no hay que discutir. En carro son 2000 k. y nos apretujamos los cuatro. El precio por recorrer la zona arqueológica en carro todo el día es de 9.000 k. desde las 8 de la mañana hasta el atardecer. Contratamos uno para dos días. Xavi prefiere levantarse tarde e ir a su aire. No me da tiempo a más. Pero prometo que esto seguirá pues además me encanta recordar. Eso es lo bueno de los viajes, los meses que pasas soñándolos, el tiempo que los vives y el resto de la vida en tu memoria.
Hasta pronto.

Viaje a Birmania 2ª Parte – PYI’N U LWIN

Me alegra que alguien lo lea y le guste. Aquí va otra entrega: A las nueve de la mañana arranca el taxi entre sonoros petardeos. El conductor va a toda pastilla. En hora y media llegamos a PYI’N U LWIN. Este pueblo, a mil metros de altura, fue un lugar de descanso de los colonos ingleses. Es un lugar muy reposado. Aunque el sol pega fuerte el aire es más fresco.
Después de comer, preguntamos al dueño del restaurante por el transporte al río, a las cascadas Pwe Kauk y éste nos lleva a parlamentar con otro. Un poco de regateo y nos subimos en una furgoneta. Al instante se montan cuatro señoras muy sonrientes. Arrancamos.
Hoy es domingo y el río está muy concurrido. Vienen familias y grupos de amigos desde Mandalay, huyendo del calorazo. El río no cubre. Nadie lleva bañador. Todos se bañan vestidos, con camiseta y pantalón. Opto por colocarme el “pañuelo-para-todo” a modo de pareo, para no llamar la atención. Algunos se tiran por las rocas redondeadas, como si fuera un tobogán. Camila anda muy solicitada para fotografiarse con unos y otros. Un grupo de chicos se acercan para jugar con ella. La colocan en un flotador y se la van pasando. Me dicen, entre carcajadas que son “gays”, que trabajan en un “club” de Mandalay y han venido a pasar el día. Hasta la niña me preguntaba curiosa si eran chicos o chicas. Al día siguiente subimos en una pequeña diligencia de madera pintada de vivos colores y nos encaminamos al jardín botánico que construyeron los ingleses. Poco antes de llegar se hace añicos una de las ruedas. Salimos ilesos del accidente y ayudamos al conductor a recoger los pedazos. El buen señor no parece muy preocupado. Deja allí la diligencia y el caballo y se vuelve al pueblo. Más tarde le volvemos a ver en bicicleta con otra rueda a cuestas, muy sonriente, de vuelta por la carretera.
El jardín es muy grande. Nada más entrar vemos un restaurante, bares y una piscina. Hay un lago con varios puentes, muchos cisnes, y un aviario. Choca un poco encontrar un lugar así en Asia. Volvemos al pueblo dando un paseo, sólo son 3 km.A la hora convenida aparece nuestro taxi. Le pedimos que no corra tantoy así el trayecto resulta más relajado.
Llegamos a la bochornosa Mandalay. Alex se va con Camila a cambiar dinero. Sólo hay que dar unos pasos por la calle perpendicular a la del hotel ( la 83) para que alguien se ofrezca. Esta vez es un musulmán que va recogiendo dólares para poder viajar a la Meca. Se lamenta de ver menos turistas que el año pasado. Nos acostamos pronto. Mañana el barco a Bagan zarpa al amanecer, a las seis de la mañana.Datos prácticos:En Pyi’n U Lwin nos alojamos en el Grace hotel, a las afueras por 5$ cada adulto, en dos habitaciones, con baño y el desayuno. Tiene un jardín con tumbonas y bancos de madera donde al atardecer acuden mosquitos hambrientos. No funciona la electricidad hasta que anochece. Las almohadas son como ladrillos, hago un apaño con ropa y toallas. Antes miramos el Golden Dreams y el Grace II (en el centro del pueblo, casi pegados) , creo que un dólar más barato pero más básicos ( según me dijeron , yo no los vi).
En el restaurante chino Maymo nos traen sin pedirlo platitos con rodajas de tomate crudo que dejamos intocables, muy a nuestro pesar, pues se veían deliciosos. Es lo único que añoraremos de las comidas: no poder probar las ensaladas. Comemos por 3.000 y pico kyats los cuatro. Lo más caro es la cerveza, 700 k. ( marca Tigre ). En casi todos los restaurantes del país encuentras sobre las mesas rollos de papel de váter metidos en un cilindro de plástico. Son las servilletas. Cenamos en otro restaurante Chino, el Yoe Yar, al lado de un templo hindú. Los platos son más elaborados. Todo bien rico. Por 6.500k. Al día siguiente comemos en el restaurante La Yone, chino también. es el único que tiene los precios en la carta. Platos más variados. Comemos la mar de bien (7.600 k.) 

Precio en furgoneta del pueblo a las cascadas 3000 k.. Nos recogen tres horas después. La entrada a la zona es de 500 k. Cada uno. El accidentado trayecto en diligencia: 3000 k.Es muy útil llevar una linterna, pues al anochecer las calles carecen de luz. En Mandalay vamos a otro hotel, el Classic, a lado de nuestro restaurante preferido (Lashio). La doble sale a 15 fecs y la individual a 8. No ponen pegas por pagar en fecs. Estamos en un cuarto piso. No está mal, quitando los lamparones de las paredes. A ratos se va la electricidad. Hay nevera surtida de bebidas y vigilantes de planta.
Hasta la próxima.

Viaje a Myanmar – Birmania –

Vaje a Myanmar – Birmania

Animar a los que no se atreven a viajar con niños. Nos presentamos: Alex,  Montse, Xavi y la pequeña Camila, de 4 años. Después de aterrizar en Yango y pasar allí un par de días tomamos un autobús nocturno a Mandalay. Sale puntual, a las 17,30 h. Y una hora más tarde ya se detiene para cenar. Va lleno. Hay botellas de agua en cada asiento y amenizan el

trayecto con un par de películas americanas con muchos tiros. Los asientos son bastante cómodos ( pedimos los cuatro de delante) y dormimos algunas horas.

Llegamos a Mandalay antes de lo que suponíamos, a las 7,30 h. La estación de autobuses está algo alejada del centro, a unos 20m m. de taxi. Nos alojamos en el hotel Royal. En el

mismo hotel reservamos los billetes del barco a Bagan y nos proponen un taxi para recorrer los alrededores. Aceptamos. El conductor se llama Ten Ten y pasa a recogernos a las 10

h. Para entonces ya estamos duchados, desayunados y despejados. Camila se entusiasma saludando desde el taxi a todo el tráfico rodante de la ciudad. En Sagaing subimos a

la pagoda Soon U Ponya. Está nublado pero el bochorno es tremendo. Contemplamos, sudorosos, un tapiz verde, salpicado de stupas, el río y las tierras inundadas por el monzón. Muchas casas han quedado inundadas y la gente ha trasladado sus pocas pertenencias a los arcenes de la carretera, incluidas las vacas.

Tras la comida Ten Ten nos deja en un embarcadero para acceder a Ava. Al bajar del barco ya nos esperan los coches de caballos para recorrer el lugar, dando tumbos por un camino trufado de baches. Parecemos los pioneros de la conquista del Oeste. En uno de los templos Camila y yo nos remojamos los pies en el lago observando los juegos de los monjes más jóvenes que chapotean a placer. Al día siguiente tomamos un barco a Mingún. El muelle es un hervidero de gente y animales. De un barco desembarcan unas 30 cabras a lo bestia: tirándolas al agua sin miramiento alguno. Intentaban escapar pero las agarraban por el rabo y

las orejas y …al agua. En el barco somos 7, todos extranjeros. Las vigas del techo son peligrosas. Tres de los pasajeros se machacaron la cabeza al entrar (entre ellos Alex, como no). En una hora llegamos. La famosa pagoda es una gran estructura en ruinas. Solo queda la base, de 50 m. de altura. Hay que subir descalzo. Las escaleras arden a juzgar por los saltitos que da el personal. Alex es el más valiente de los cuatro. Nos cuenta que en la cima hay niños que ofrecen ramitas para posar los abrasados pies. Los demás nos quedamos bajo la espléndida sombra de un árbol, amorrados a una botella de agua fría.

En otra pagoda una monja vestida con una túnica rosa, la cabeza rapada y una ancha sonrisa nos muestra la huella de Buda. Se trata de un bajorrelieve dorado con dibujos de animales. Camila le hace cosquillas a los dedos, que son como caracolas. Encendemos una varita de incienso y pedimos un deseo: tener un buen viaje. Buda fue clemente y nos lo concedió. Algunos datos prácticos: 1€ nos salía a 100 kiats. Luego estaban los fecs, la moneda esa que te hacen cambiar en el aeropuerto y con el que puedes pagar los hoteles y las

entradas.

El billete de autobús Yangon Mandalay : 4.600 k.

Hotel Royal: Habitación triple 15 fecs,con desayuno incluido, aire acondicionado y cuarto de baño. A la hora de pagar tuvimos problemas pues no querían fecs sino k. Pero

no bajamos del burro.

Barco a Bagan: 18 fecs el billete más 300 k de comisión.

Taxi para visitar los alrededores de Mandalay , de diez de

la mañana a seis de la tarde: 8.000 k.

Entrada a Sagaing y Mingún 3 fecs. Entrada a Ava 10 fecs

pero sin tiquet te lo dejan por 3 fecs.

Coche de caballos para recorrer Ava : 2.500 k.

Camila no paga en ningún sitio, sólo el asiento del bus nocturno.

Para cenar en Mandalay está bien el restaurante Lashio, muy concurrido y con los platos a la vista. Eliges los que  quieres y te añaden un plato de arroz blanco para mezclar.

Comemos todos por 3.700 k. La bebida es lo más caro pues una coca-cola sale por 500 k. Y una cerveza de litro por 800 k.

Por la noche los cortes de luz son generales. Los hoteles y restaurantes tienen generadores propios. Meten un ruido ensordecedor.

Bueno, la próxima entrega, un día de estos. Saludos.