Vaje a Myanmar – Birmania
Animar a los que no se atreven a viajar con niños. Nos presentamos: Alex, Montse, Xavi y la pequeña Camila, de 4 años. Después de aterrizar en Yango y pasar allí un par de días tomamos un autobús nocturno a Mandalay. Sale puntual, a las 17,30 h. Y una hora más tarde ya se detiene para cenar. Va lleno. Hay botellas de agua en cada asiento y amenizan el
trayecto con un par de películas americanas con muchos tiros. Los asientos son bastante cómodos ( pedimos los cuatro de delante) y dormimos algunas horas.
Llegamos a Mandalay antes de lo que suponíamos, a las 7,30 h. La estación de autobuses está algo alejada del centro, a unos 20m m. de taxi. Nos alojamos en el hotel Royal. En el
mismo hotel reservamos los billetes del barco a Bagan y nos proponen un taxi para recorrer los alrededores. Aceptamos. El conductor se llama Ten Ten y pasa a recogernos a las 10
h. Para entonces ya estamos duchados, desayunados y despejados. Camila se entusiasma saludando desde el taxi a todo el tráfico rodante de la ciudad. En Sagaing subimos a
la pagoda Soon U Ponya. Está nublado pero el bochorno es tremendo. Contemplamos, sudorosos, un tapiz verde, salpicado de stupas, el río y las tierras inundadas por el monzón. Muchas casas han quedado inundadas y la gente ha trasladado sus pocas pertenencias a los arcenes de la carretera, incluidas las vacas.
Tras la comida Ten Ten nos deja en un embarcadero para acceder a Ava. Al bajar del barco ya nos esperan los coches de caballos para recorrer el lugar, dando tumbos por un camino trufado de baches. Parecemos los pioneros de la conquista del Oeste. En uno de los templos Camila y yo nos remojamos los pies en el lago observando los juegos de los monjes más jóvenes que chapotean a placer. Al día siguiente tomamos un barco a Mingún. El muelle es un hervidero de gente y animales. De un barco desembarcan unas 30 cabras a lo bestia: tirándolas al agua sin miramiento alguno. Intentaban escapar pero las agarraban por el rabo y
las orejas y …al agua. En el barco somos 7, todos extranjeros. Las vigas del techo son peligrosas. Tres de los pasajeros se machacaron la cabeza al entrar (entre ellos Alex, como no). En una hora llegamos. La famosa pagoda es una gran estructura en ruinas. Solo queda la base, de 50 m. de altura. Hay que subir descalzo. Las escaleras arden a juzgar por los saltitos que da el personal. Alex es el más valiente de los cuatro. Nos cuenta que en la cima hay niños que ofrecen ramitas para posar los abrasados pies. Los demás nos quedamos bajo la espléndida sombra de un árbol, amorrados a una botella de agua fría.
En otra pagoda una monja vestida con una túnica rosa, la cabeza rapada y una ancha sonrisa nos muestra la huella de Buda. Se trata de un bajorrelieve dorado con dibujos de animales. Camila le hace cosquillas a los dedos, que son como caracolas. Encendemos una varita de incienso y pedimos un deseo: tener un buen viaje. Buda fue clemente y nos lo concedió. Algunos datos prácticos: 1€ nos salía a 100 kiats. Luego estaban los fecs, la moneda esa que te hacen cambiar en el aeropuerto y con el que puedes pagar los hoteles y las
entradas.
El billete de autobús Yangon Mandalay : 4.600 k.
Hotel Royal: Habitación triple 15 fecs,con desayuno incluido, aire acondicionado y cuarto de baño. A la hora de pagar tuvimos problemas pues no querían fecs sino k. Pero
no bajamos del burro.
Barco a Bagan: 18 fecs el billete más 300 k de comisión.
Taxi para visitar los alrededores de Mandalay , de diez de
la mañana a seis de la tarde: 8.000 k.
Entrada a Sagaing y Mingún 3 fecs. Entrada a Ava 10 fecs
pero sin tiquet te lo dejan por 3 fecs.
Coche de caballos para recorrer Ava : 2.500 k.
Camila no paga en ningún sitio, sólo el asiento del bus nocturno.
Para cenar en Mandalay está bien el restaurante Lashio, muy concurrido y con los platos a la vista. Eliges los que quieres y te añaden un plato de arroz blanco para mezclar.
Comemos todos por 3.700 k. La bebida es lo más caro pues una coca-cola sale por 500 k. Y una cerveza de litro por 800 k.
Por la noche los cortes de luz son generales. Los hoteles y restaurantes tienen generadores propios. Meten un ruido ensordecedor.
Bueno, la próxima entrega, un día de estos. Saludos.